Una ayuda más.

Experiencias de un voluntario de Barcelona.


               

        Somos muchos los jóvenes que estamos metidos en el mundodel voluntariado. Hay chicosy chicas de 17, 18, 24, 32... años que van cada día, una vezpor semana, o finesde semana para dar: conversación, diversión, compañía, apoyo ... AYUDA.También para ser los ojos y los oídos de personas sordociegas.

        A veces se habla de esta juventud que no sabeMÁS que malgastar el tiempo, que no tiene valores, que le vienetodo dado. Quizá es una opinión general, pero somos muchos los jóvenesque no vivimos de opiniones generales y nos atrevemos a mirar a los ojos de quien nos necesita. Un niño que no puede ver ni oír el mundo que lo rodea necesita AYUDA. Nuestro día a día está lleno de imágenes que nos pasan volando y de voces que nos hablan constantemente, tan constantemente que es difícil dar sentido a palabras como: contemplar o escuchar. No tenemos tiempo. 

        Con nuestras manos podemos hacerde puente a las personas sordociegas. Podemos ser puente para llegar a una sonrisa cuando un niño juega con un globo de agua, cuando corre tranquilo por un patio, cuando construye un castillo de arena, cuando decora una cajacon hojas y flores que el mismo ha recogido antes. Nuestras manos poden ser puente para hacerposible un tiempo libre y ocioque los niños sordociegos, como cualquierniño, necesitan para contactar con el mundoque los rodea y formar parte de el.

        Los jóvenesque nos encontramos los finesde semana que se hacen periódicamente para dar un RESPIRO a los familiares de los niños sordociegos queremos ser ese puente. Siempre que se acercan las fechas los recuerdos del último encuentro hacen crecer las ganas de ver a Marta, a Idoya, a Clara, a Pedro... yte preguntas: ¿Les gustarán las actividades que haremos? ¿Disfrutarán? En las actividades de estos finesde semana ayudamos a los niños a vestirse, a comer, estamos cuando se despiertan y cuando se meten en la cama. También los acompañamos a conocer realidades poco habituales para ellos, como por ejemplo un bosque. Muchas veces se nos hace difícil imaginar cuál es la información que les llega, qué perciben de lo que les rodea. Por eso es muy importante adaptarse a su ritmo, irlos conociendo poco a poco, anticipando lo que el niño se encontrará o la actividad que hará. 

        Los voluntarios que nos encontramos en estas salidas siempre queremos repetir y esperamos con ilusión el próximo encuentro. Somos consciente que no podemos hacercomo si nada cuando estos niños necesitan nuestra AYUDA. Una voluntaria nueva me comentaba en la última reunión su sorpresa al ver la relación que teníamos los voluntarios. Creía que nos conocíamos desde mucho tiempo atrás. La mayoría nos habíamos encontrado por primera vez el verano pasado, en las primeres colonias de APSOCECAT. Aquellos días fueron ser inolvidables y todos los recordamos con mucho cariño. Es difícil explicar cómo te sientes cuando acaba una experiencia así, parece una paradoja cómo estos niños te pueden sacar de los ojos una venda de indiferencia que normalmente te hace de coraza,. y entre los monitores que sentimos eso se forma una unión que no necesita de muchas palabras. Puede ser por eso que después nos hemos seguido encontrando y cuando acaba alguna actividad ya tenemos bien presente la fecha de la próxima.

Muchas veces sentimos desgracias en los telenoticias, la información nos acercalas catástrofes que diariamente se producen, ya estamos acostumbrados. No podemos mirarnos el ombligo del conformismocuando sabemos que mucha gente aún no conoce el colectivo que actualmente sufre sordoceguera en Catalunya o en el Estado Español. Son personas que necesitan nuestra AYUDA para poder acceder a un bienestar, a una calidad de vida que ahora tienen lejos. Una ilusoria modernidad nos hace pensar que todo ha de venir solo, sin esfuerzo, por eso no queremos pensar como seria tener les barreras de una persona sordociega. Nos parece que no podríamos seguir adelante, pero ellos lo hacen, superan con esfuerzo el día a día. Han de ser un ejemplo para acabar conla pereza, la indiferencia. Ellos nos dan la ilusión, la vitalidad, las energías para esforzarnos y lograr que todos disfrutemos de la vida.

Domingo Hernández.

Voluntario de APSOCECAT.


 

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