LOS CAMPAMENTOS DE VERANO 2000


        Como uno de los“platos fuertes” de las actividades del año 2000, pensamos en una actividad nueva para nosotros: unos “campamentos” o colonias para los niños y jóvenes sordociegos. De entrada se presentaba como tara difícil: no teníamos referencias de colonias específicamente dirigidas a personas sordociegas. Teníamos como experiencia propia las actividades de Respiro a Padres, que habían sido varias veces de fines de semana completos, pero organizar colonias de más de una semana es bien distinto. Obliga a un trabajo continuado por parte de los monitores durante muchos días seguidos, y exige una planificación de actividades que es difícil conseguir que no sea monótona o repetitiva. Además, al prolongarse en el tiempo, da lugar a que el niño o joven “sordociego” pierda el estímulo de la novedad, y pueda caer más en la sensación de incomodidad o aburrimiento. Con todas las dificultades en mente, decidimos seguir adelante, porque nuestros hijos tienen derecho a participar en este tipo de actividades, y si no las ponemos en marcha nosotros, está claro que nadie lo hará por nosotros. Partimos de un proyecto de tres “campamentos” para toda España, y la promesa de una subvención importante. Al final la subvención quedó reducida a menos de la mitad de lo prometido, y además una de las casas de colonias con que habíamos contactado nos falló a última hora. No fue suficiente para detenernos: se hicieron dos “Campamentos de Verano”. Uno fue en Catalunya con la participación de 7 chicos y chicas durante 7 días. Otro fue en Granada, en el que estuvieron 16 chicos y chicas sordociegos durante 10 días. 

        El “campamento” de Granada se hizo en el Centro deEducación Ambiental y Turismo Rural Cortijo Balderas, situado a unos kilómetros de Granada, subiendo hacia Sierra Nevada. El entorno garantizaba contacto con la naturaleza. Para cuidar de nuestro nutrido grupo de niños y jóvenes sordociegos contábamos con 5 profesionales de la ONCE, un numeroso grupo de voluntarios de APASCIDE, y un médico, además del personal del Cortijo Balderas. Los coordinadoreshabían elaborado un minucioso calendario de actividades para todos los días. El trabajo durante aquellos días fue agotador. Incluso Carlos, el médico, participaba en las actividades como un voluntario más. 

Las experiencias que tuvieron nuestros hijos en el Cortijo Balderas son, sin lugar a dudas, extraordinarias. A la tirolina, equitación, senderismo, talleres de cocina o de perfumes, gymkhanas, juegos, veladas, fuegos de campamento, etc, se une la convivencia en grupo con otras personas sordociegas y con los monitores. Ha sido difícil, pero hemos aprendido mucho y nuestros hijos han disfrutado y se han enriquecido. Esperamos que, en el futuro, podamos organizar de forma regular “campamentos de verano” para nuestros hijos. A continuación podéis leer las impresiones de dos monitores. Las imágenes dicen el resto.

Juan Carlos García


 

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