EL CAMPAMENTO: UNA EXPERIENCIA INOLVIDABLE


Cuando me propusieron la idea de hacer un resumen del campamento de verano en el Cortijo Balderas, me pregunté: ¿cómo voy a reflejar en unas cuantas líneas todo lo que habíamos pasado y vivido en aquellos días?, ¿cómo encontrar palabras con las que expresar la multitud de sensaciones y sentimientos que me había invadido durante ese tiempo? Imposible, sería como intentar describir una ilusión, pero tenía tantas ganas de recordarlo y de vivirlo otra vez, que aunque me deje innumerables cosas en el “tintero”, creo que merece la pena.

Cuando llegué al CRE de Sevilla, y a pesar del cansancio propio del viaje, pues venía desde Cádiz, me encontraba tremendamente ilusionada, y con muchas ganas de encontrarme con todos los chavales y los compañeros (algunos conocidos ya desde hace tiempo y otros nuevos por conocer). Poco a poco fueron llegando todos, y rápidamente, tuve conciencia de forma instantánea, de que los que en esta gran aventura nos embarcábamos, teníamos las mismas ganas de compartir esa multitud de experiencias que sabíamos que nos esperaban allá en el cortijo, pero que todos, a la vez, ignorábamos por completo.

Ya en el autobús, a medida que todos nos íbamos subiendo, hablábamos e intercambiábamos opiniones sobre lo que habíamos hecho durante el tiempo que no nos veíamos, trabajo, estudios, cursos, etc. También comentábamos todas las actividades que se habían planificado para el campamento. Los nuevos voluntarios, al principio no hablaban mucho (al igual que yo la primera vez que participé como voluntaria), estarían inmersos en la incertidumbre de cómo funcionaba todo ésto, pero bueno, les duró poco y poquito a poco se fueron integrando de tal modo, que cuando llevábamos una hora subidos en el autobús, parecía que todos nos conocíamos ya de antes y la confraternización se hizo latente y notoria durante todo el campamento.

A medida que íbamos llegando, todos estábamos impresionados con las vistas tan bonitas del paisaje, lleno de montañas, y aunque estábamos en pleno verano, aún se podía ver alguna cima nevada, era impresionante. 

Cuando llegamos al Cortijo Balderas, allí todo estaba ya preparado. Todas las actividades estaban programadas en un gran panel. Los días enteros estaban plagados de multitud de ellas, lo que hacía que los chavales no se aburrieran, y que pudieran convertir esa vivencia en una experiencia inolvidable. Las actividades eran todas tan divertidas como variadas, todas ellas se desarrollaban en un contexto distinto, y trataban desde cómo hacer un bolso con retales, hasta la fabricación de figuras de escayola, pasando por las clases de repostería. ¡Ah!, que ya se me olvidaba, y por supuesto, la actividad estrella de todos los campamentos, montar a caballo, una de las actividades favoritas de la niña que yo llevaba.

Como podéis imaginar, a medida que se iban desarrollando las actividades, se iban sucediendo multitud de situaciones y vivencias distintas, una de las cosa que mejor recuerdo y que cada vez que lo hagome viene una sonrisa, es la expresión de felicidad que tenían los chavales a medida que iban jugando y que iban participando en las tareas. No encuentro palabras para expresar esa sensación tan gratificante al poder participar en un proyecto en el que se había puesto tanta ilusión y que afortunadamente se estaba cumpliendo de la mejor manera posible. Creo que todos los que estuvisteis allí, pensaréis de la misma manera que yo.

Todo el personal del Cortijo Balderas se volcó con nosotros. He de reconocer la competencia de todos los monitores en general y de cada uno en particular, ya que participaban activamente en cada actividad como si de uno de nosotros se tratase, interesándose por la mejor manera de llevarlas a cabo para que resultase del agrado de los chavales y dándoles ese “puntito” para que, a la vez que aprendiésemos, jugásemos y disfrutásemos todos como “enanos”, incluso se esforzaban por aprender Lengua de Signos para comunicarse con los chavales. 

Todos los pasamos en grande y lo que era una tarea que implicaba un alto grado de trabajo para los voluntarios, se convirtió en una tarea de divertimento continuo, ya que en las actividades, los voluntarios disfrutamos como si fuéramos nosotros los chavales. Hasta en la tirolina, que aunque me costó trabajo decidir si me iba a tirar por ella o no, al final me dije que era una oportunidad en la vida y que debería aprovecharla, y aunque lo pasé muy mal antes de tirarme, no me arrepiento de haberlo hecho, incluso me atrevería a decir que si volviese a presentar otra vez de nuevo la ocasión, creo que volvería a hacerlo.

Querría hacer mención a todos mis compañeros, los voluntarios, ya que sin su compañerismo, valga la redundancia, y su colaboración, no hubiera sido posible emprender este campamento. Nos hemos echado una mano cuando hemos podido y todos hemos sabido estar ahí cuando lo hemos necesitado. En ningún momento he sentido sensación de soledad, sino todo lo contrario, me he sentido miembro de un “todo”, y todo gracias a vosotros.

Al final del campamento, todos (aunque durante el mismo, alguna que otra vez echamos de menos a nuestra gente y a nuestro hogar), estábamos con una tremenda tristeza, porque dejábamos allí unos días de convivencia de muchas personas que, aunque venidas de todas partes de España, habíamos congeniado desde el primer momento y sentíamos que más que ir de voluntarios a un campamento para jóvenes, habíamos ido a una excursión de amigos. Y que, aunque habíamos pasado por algunos malos tragos, todo se superó, y pasaron de ser problemas, a “batallitas” que quedan en el recuerdo, gracias al apoyo conjunto de todos: veteranos y nuevos, lo que hizo que nos uniésemos más cada día.

También pensaba, imagino que al igual que mis compañeros, que por fin me iba a “librar” de ese “despertador-juglar interactivo llamado Pedro”. Aunque en ocasiones odioso, pensándolo desde fuera, hoy aquí sentada, se echa de menos un despertador tan original y hecho con tanto cariño.

Y por último, me gustaría hacer mención al “super médico”, Carlos, por hacer que cada batalla se superara cada vez con más ánimo y haber contribuido a que el complejo trabajo de los voluntarios fuera aún más divertido cada día. Ojalá segamos encontrándonos por el camino a profesionales tan competentes como tú y sobre todo a gente con tan buen corazón. Espero que también participes en la próxima.

Sé que es imposible, y partía con esa idea al empezar a redactar estas líneas, expresar todo lo que habíamos vivido durante esos días, pero espero que al menos haya quedado un poquito de la esencia de lo que ha supuesto esta experiencia para mi INOLVIDABLE. Muchas gracias a todos los que habéis participado en ello por ser como sois. 

ESPERO VEROS PRONTO

Marisa Gómez Viaña
 
 


 

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