IICampamento de niños y jóvenes sordociegos de Andalucía.




 

Jueves 29. Preparo las maletas que nos vamos mañana, meto ropa de faena porque estaremos en el campo, entre árboles, tierra, animales... (eso me han dicho).
Por la noche nervios e incertidumbre.
Viernes 30. Empieza mi primera experiencia con personas sordociegas.
Colegio Luis Braille. Delante de mí, todos los alumnos y compañeros voluntarios que nos adentramos en la aventura.
En el autobús, a mi lado, Carmen, "mi niña". Las dos nos miramos, nos examinamos, pues no nos conocemos, pero tendremos que hacer buenas migas ya que estaremos 24 horas al día juntas durante todo un fin de semana.
Al bajar, toda la naturaleza se encontraba ante nosotros, respiré profundamente y me dije: "¡ánimo, Rocío, creo que esto va a merecer la pena!".
Todas las cosas a las habitaciones y comenzamos la visita a la granja escuela. Saco mi cámara de fotos y empiezo a fotografiar.
Hay fango, pero no importa porque vamos dispuestos a ver a los animales... ¡Ah, cómo gritan los cerdos! Y aquí estreno mi carrete: Carmen se aúpa de lejos porque no quiere arrimarse pero los mira con admiración (creo que son demasiado grandes para ella). Seguimos caminando y conocemos a Paca, la vaca: ¡es enorme!; entramos en el gallinero donde todas las gallinas se alborotan y el gallo se pone celoso porque Monte, la monitora, coge una gallina para que podamos tocarla.
Antes de comer, un descanso y juego en el arenero, ¿quizás una foto de grupo? Sí, estupendo, todos están fantásticos, tocan y huelen la arena. Eulogio juega con tranquilidad, esto se merece una instantánea.
(A comer!... todo está exquisito; las barrigas pesadas, así que lo mejor: un descanso para reponer fuerzas. Taller de papel ¡qué emoción!, paso a paso la explicación y manos a la obra. Desenfundo mi cámara porque Jonhatan, impresionado, ha comprendido a la perfección y ahora observo cómo lo hace, con una sonrisa de oreja a oreja cuando lo termina... y en la foto se verá el orgullo que transmitía su cara.
La noche está cerrada y nos han preparado una gymcana que parece divertida, (y tanto!. Todos vamos por el pasillo y delante de mí, Lola, que ha emprendido el camino sola y en su cara se refleja el afán de superación, parece que no necesita a nada ni a nadie para llegar al final del juego. Pero no se le han acabado las fuerzas porque la tomo en mis brazos para bailar y tiene más marcha que yo, creo que la música le entra por los poros de la piel porque la sigue perfectamente. ¡Clic, foto!.
¡Aaahh qué sueño! Hasta mañana!
Sábado 1. Nos queda un duro día por delante, así que lo mejor será tomar este desayuno reponedor. Carmen miga galletas en la leche, ¡le encanta!; sigue con el borlón de lana que hizo ayer, colgado al cuello. Esta mañana se nos olvidó en la habitación, y agarrando mi mano con fuerza me ha llevado corriendo para cogerlo, se ha convertido en su nuevo amuleto.
Jara, que así se llama el caballo, ha sido testigo de las diferentes sensaciones que han experimentado cada uno de los niños sobre él y por supuesto mi carrete casi se ha quedado "full" porque ¿cómo no plasmar el momento en que Carmen me aprieta las manos, pues soy su protección, y me mira de vez en cuando como diciendo "no quiero bajar"? y ¿cómo no apretar el botón para captar el instante en que Carlos sonríe al compás del movimiento de Jara? Y ¿qué decir de Inés que sube y baja los pies como pidiéndole al caballo un galope que la lleve más allá de las vallas, y de Pedro mientras cepilla con parsimonia al animal?... sería imposible no llevarme esto en una imagen para siempre.
Aunque el caballo quizás esté cansado, ellos no, y quieren repetir y Carmen vuelve de nuevo a subirse, ya lo semi-domina.
Es casi la hora de comer así que los animales tienen hambre y nos enseñan a hacer su comida. Reme parte la lechuga y el pan para después mezclarlo, creo que ella siente la necesidad que tienen los animales de alimentarse y poco a poco se afana en su propósito.
Por la tarde, nos disponemos a elaborar pan, pero antes sus ingredientes los aprovechamos para hacer mascarillas de manos y cara. Pedro está guapísimo después de los masajes faciales y seguro que en unos minutos tendrá una piel estupenda.
Siento a Carlos en mis piernas y amasamos el pan juntos, y al final "el chiquitín" ha hecho un pan con forma de globo; lo huele, lo toca y le digo bajito: "este globo te podrá llevar tan alto como tú desees"; una foto a ver si alguna panadería nos contrata ¿no?. También hemos aprendido a prensar papel, hemos hecho separadores de libros. Estamos aprendiendo muchísimas cosas nuevas.
Durante la cena a Pedro le entra un ataque de risa que nos contagia a todos, ¡qué rato más divertido!, nos tiene enganchados a su tren de la felicidad. Me vuelvo, y a mi derecha, Inés y Carmen tienen un movimiento incesante que siguen al compás. Inés con sus manos sujeta a la pequeña suavemente y consiguen una buena armonía en el ir y venir. Se divierten.
De nuevo nos sorprende la noche y de nuevo tendremos fiesta. Preparados, listos, (ya!; hay varias pruebas y los grupos están dispuestos. Bea es una de nuestras representantes. Primero a disfrazarnos (foto! Porque todos hemos quedado guapisimos y originales... (corriendo que tenemos que explotar un globo!, nos cuesta trabajo pues parece que no quiere acabar ahí, es algo parecido a lo que nos sucede a todos, no queremos que esto se acabe. Bea da un bocado a la manzana que cuelga de un hilo y hace que pasemos a la siguiente prueba, hemos conseguido el propósito del juego en poco tiempo, y sin trampas ¡eh!; ¡otro clic!.
La mejor forma de celebrarlo no puede ser otra, la tenemos ante nosotros, Jeny está bailando flamenco, todos nos arrimamos a ella y se entusiasma, ¡olé!, su cara es idéntica a la de una bailadora profesional, está impregnada de absoluta fascinación. Pero nos entristece que se acabe la fiesta porque nos recuerda que mañana debemos volver, así que Samuel se levanta de repente y se pone a bailar, lo envuelve la música que sale por cada rincón del comedor.
Hacemos un juego divertido, en el que José María disfruta de una manera excesiva; parece tonto el juego ya que sólo debía pasar por debajo de un simple palo sin rozarlo pero al acabar, como lo ha hecho tan bien, le hemos aplaudido. Está contentisimo y se va hacia su habitación emocionado, me para en el camino para ratificar cómo lo ha hecho, ¡perfecto!; la magnitud de su satisfacción sigue transmitiéndose a través de sus manos ¡foto!.
Felices sueños!.
Domingo 2. Repetimos con Jara y hoy monto con Reme, que agarrando las riendas ha hecho que demos miles de vueltas.
Hemos ido de excursión a través de la maravillosa naturaleza. Allí, Inma, nos ha enseñado a oler las diferentes plantas, a conocer sus beneficios.. .El camino ha sido largo e intenso y hemos necesitado sentarnos de vez en cuando, hemos apoyado las posaderas sobre el verdor de las plantas durante algunos minutillos y hemos emprendido el viaje, adentrándonos cada vez más en la belleza. Después de unos deliciosos macarrones hemos recogido nuestros equipajes y antes de subirnos al autobús que ya nos esperaba, hemos hecho una asamblea donde cada uno podía expresar cómo había sido su experiencia. Han comenzado las monitoras de El Remolino, después se han manifestado algunos niños y monitores de los nuestros. ..Ha sido tristísimo, hasta el día estaba nublado y llovía a mares, pero aún más triste, cuando hemos "aterrizado" de nuevo en el colegio y ha llegado la hora del adiós.
He llegado a casa y en el silencio he vuelto a rememorar cada momento repasando todas las fotos que he hecho, pero las que hice con la cámara de la mente, del alma, del corazón, que son aquellas, que aunque pasen años o siglos no se deterioran, ni amarillean y ni tan siquiera tienen el peligro de perderse. Me tengo que despedir, pero no me voy melancólica, porque sé que algo tan maravilloso me va a volver a suceder. Quiero seguir disfrutando con vosotros. Hasta pronto.
Un beso para todos: niños, jóvenes, voluntarios y monitores de El Remolino.

Rocío Díaz. Sevilla.
 
 
 

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Última actualización 24 de octubre de 1999 por Dolores Romero 

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